Cuando Ana nació el doctor les dio malas noticias, la bebé no estaba sana pero la causa se desconocía. Su madre olvidó todo y se centró sólo en Ana. Se olvidó de ella misma y se olvidó hasta de Sofía. Con un añito la pequeña Ana era experta en hospitales y médicos, en tratamientos y sufrimientos. Pero también en amor, abrazos y besos. Mientras Sofía, muy enfadada, esperaba su turno que nunca llegaba.
Al cumplir Ana los dos, la cosa cambió. Por fin descubrieron lo que pasaba: Ana tenía una enfermedad rara. "Carita de duende" le explicaron a Sofía, y vaya! su hermanita así la tenía. Las noches pasaban sin sueños para la mamá de las niñas: Ana enferma y Sofía... pobre Sofía. Llegaba el momento de comenzar el colegio y el miedo le mordía por dentro. Imaginaba a su Princesa Duende solita en el cole, sin papá, sin mamá, sin Sofía... ¿Cómo se las arreglaría?
Como Ana no sabe hablar, cuando se enfada llora y grita sin parar. No hay forma de pararla, nadie sabe cómo actuar ¿Qué harán sus compañeros? ¿Que harán sus profesoras? Se preguntaba a todas horas. Pero lo que los adultos no entienden, los niños suelen solucionar. Cuando Ana grita en el cole, sus amigos comienzan a cantar y... magia! Ana se calma de verdad. Por eso Ana va feliz a la escuela, en el recreo juega con su hermana mayor Sofía quien muy orgullosa la cuida.
Sofía comienza a entenderlo, tiene una hermana que es diferente y que siempre la va a necesitar. Ana requiere más ayuda y más atención que ella, pero enfadada ya no está. Los miedos de su madre siguen ahí, pero ahora más relajada, saca tiempo como puede para sus dos princesas guapas. Así me lo contó su abuela el otro día, llorando de amor y riendo de alegría.
Para todos los niños con enfermedades "raras" y sus familias.
