jueves, 20 de marzo de 2014

ONA, ENFADICA Y MANDONA.

Ona era una linda gatita y también era la princesa de aquel precioso Reino. Ona estaba acostumbrada a mandar y a que todos la obedecieran sin rechistar. Era feliz en su Castillo, rodeada de riquezas, juguetes y todos los caprichos que pudiera desear. Sin embargo a Ona comenzaba a aburrirle tener que jugar siempre con Nana, su niñera cangura.
Un día consiguió convencer a sus padres, los Reyes, para que la dejasen salir a pasear por el bosque, aunque le obligaron a ir acompañada por Sultán el mejor perro guardián del Rey.
La pequeña princesa paseaba encantada observando la belleza del bosque y ansiosa por encontrar por fin algún amigo con quien poder jugar. Ona oyó unas voces que parecían venir desde el lago, Sultán comprobó que no había peligro y la dejó a acercarse. Eran Toño el topo y Lina la ardilla, que contaban chistes y se reían acostados sobre la hierba. Cuando vieron a Ona acercarse con su perro guardián se asustaron un poco, pero enseguida la invitaron a jugar con ellos. Toño y Lina querían jugar al escondite y a Ona le pareció una idea genial, ella siempre ganaba a Nana cuando jugaban en el Castillo.
Pero cual fue la sorpresa de Ona al comprobar que siempre perdía. Toño podía excavar un agujero en cuestión de segundos y esconderse en él y Lina trepaba a las ramas más altas de los árboles y se escondía entre sus hojas. Ella sin embargo, con su pesado vestido no podía ni correr. Comenzó a enfadarse y ordenó a sus nuevos amigos que la dejasen ganar. La ardilla y el topo rompieron a reír pensando que era una broma lo que causó la ira de la princesa que se marchó llorando al Castillo. Ona dio orden de que nadie la molestase y se encerró en su habitación triste y avergonzada.
Toño y Lina se habían quedado de piedra al ver marchar a Ona tan enfadada y también se sintieron tristes, así que decidieron ir a buscarla. Llamaron a la gran puerta y solicitaron ver a la princesa, pero Sultán les impidió entrar al Castillo. ¿Qué podían hacer? No habían querido herir los sentimientos de Ona y tenían que disculparse, pero sólo eran dos niños, no podrían esquivar a la guardia real, ¿o si?. Tuvieron una idea genial: Toño excavaría un túnel que le llevaría hasta el interior del Castillo y Lina subiría hasta la rama más cercana a la ventana de la princesa desde donde podría saltar dentro.
Qué graciosa la cara de Ona cuando vio a sus amigos! Se quedó con la boca abierta, no se lo podía creer. La princesa aceptó las disculpas y también pidió perdón por haber sido tan mandona y enfadica. Aquella tarde jugaron todos juntos con los juguetes de Ona y fue la primera de muchas otras tardes de diversión... y algún que otro enfado.
Para todas las pequeñas princesas enfadicas y mandonas.


1 comentario:

  1. Isa, cousin, prima, cosinagermana.29 de marzo de 2014 a las 13:19

    A Victoria y Raquel les a encantado el cuento de Ona. Enfadica y Mandona...pero a mí más. Un besazo artista!!!

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