martes, 24 de septiembre de 2013

CAPITULO 1

Hola! Permite que me presente. Me llamo Damelú y soy una Juglar. Mi trabajo consiste en ir de pueblo en pueblo, recorriendo el mundo, haciendo juegos malabares y contando historias para entretener y hacer feliz a la gente que me quiera escuchar. Conozco miles, quizás millones de historias, de amor, de aventuras, algunas tristes y muchas divertidas, pero hoy, si te apetece, te voy a contar una historia mágica. Se titula: “El Hada Rizada y la Sastresa Generosa”.
No hace muchos ni pocos años, en un País no muy lejano pero tampoco cercano llamado Medieval, vivía la Sastresa Generosa. Trabajaba cosiendo, remendando y diseñando vestidos, gorros, blusas y pantalones. Era muy humilde y tan generosa que cuando sus clientes le preguntaban el precio, ella siempre respondía sonriendo y guiñando un ojo “con poco me apaño cariño” y ellos le pagaban con lo que podían. Eso sí, nunca se olvidaban de dejarle algún dulce, porque la Sastresa también era muy golosa.

Un día la Sastresa tuvo que ir a la tienda a comprar un espejo donde los clientes se pudieran mirar cuando fueran a probarse la ropa a su taller. Como no disponía de mucho dinero decidió comprar el más barato. Parecía algo viejo, estaba medio olvidado en un rincón de la tienda y cubierto de polvo. “Con una buena limpieza quedará fenomenal” pensó ella. El tendero, que no sabía muy bien cómo había llegado ese raro espejo a su tienda, decidió no cobrarle a cambio de que ella le arreglase un par de delantales que ya tenía muy desgastados.
Cuando llegó a casa lo colocó en su lugar y lo limpió con mucho cuidado. Enseguida se puso a trabajar mientras cantaba su canción: “tela y tijeras, aguja e hilo con mucho cariño coso tu vestido”. Y así cosió y cantó durante horas, hasta que, al hacerse de noche tuvo que encender algunas velas. Al pasar junto al espejo oyó un pequeño ruido, se colocó bien las gafas y se acercó. Una extraña lucecita brillante parecía resplandecer dentro del espejo. La Sastresa pensó primero que serían las velas que se reflejaban, pero se equivocaba. Una pequeña hada con el pelo muy rizado había salido del espejo y la miraba con una gran sonrisa. “Esto no puede ser real” se dijo la Sastresa.

- Hola Sastresa Generosa, soy el Hada Rizada! Vivo dentro del espejo y mi trabajo consiste en ayudar a su propietario con mi magia.

La Sastresa se quitó las gafas, las limpió y se las volvió a poner. Pero ahí seguía el Hada observándola divertida. 

- Bienvenida a casa Hada Rizada – consiguió pronunciar finalmente la Sastresa.

Aquella noche la Sastresa a penas pudo dormir. Aunque ella siempre había creído en la magia, nunca imaginó que algo así le pudiera suceder.

(continua...)

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