viernes, 27 de septiembre de 2013

CAPITULO 4

Habían estado cosiendo hasta muy tarde el día anterior y ahora alguien llamaba a la puerta. Era la Bruja Rockera que venía a recoger su nuevo sobrero puntiagudo. Se saludaron y, mientras se lo probaba, dijo malhumorada: - No pienso hacerme ningún sombrero más, total nadie me hace caso, hasta mis vecinos me miran mal. Claro, como soy una Bruja!

- No digas esas cosas Rockera. No es verdad. Tú eres una bruja buena, nos ayudas con tus pociones y todos te queremos – la animó la Sastresa y, mientras la abrazaba, añadió – Pero tal vez deberías dejar de tocar la guitarra eléctrica por la noche y así tus vecinos podrían descansar, seguro que se les pasa el enfado y volverán a visitarte.

La Bruja se sonrojó un poco - Oh! Vaya! Qué vergüenza, ni lo había pensado. Me gusta tanto tocar que no me había dado cuenta de que podía molestar.

Una vez más el Hada Rizada puso su magia a trabajar y cuando Rockera se miró al espejo se sintió aliviada y querida de nuevo. – A partir de ahora tocaré sólo durante el día. ¿Cuánto de debo? Es el sombrero más puntiagudo que he tenido jamás y me encanta!

- Ya lo sabes Rockera… – dijo la Sastresa y añadió con un guiño - Con poco me apaño cariño.

La Bruja le dejó un disco con la música favorita de la Sastresa y su nuevo brebaje con sabor a batido de fresa. La Sastresa y el Hada pusieron la música y, después de bailar durante un buen rato, se bebieron el batido. Que bueno estaba! Después siguieron cose que cose y canta que canta “tela y tijeras, aguja e hilo con mucho cariño coso tu vestido”.
(continua...)


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