Cuando a la mañana siguiente la Sastresa salió a comprar
algunas verduras para preparar la comida, se encontró con una niña que lloraba
cerca de la puerta de su taller. Generosa se agachó para ver qué le pasaba y le preguntó –
Hola niña, ¿te encuentras bien, te puedo ayudar en algo?- La pequeña, que tenía la cabeza
entre las rodillas, levantó la cara y miro con los ojos llorosos a la Sastresa , pero no dijo
nada. A Generosa le llamó la atención el color oscuro de su piel y el precioso
pañuelo que le cubría la cabeza, nunca antes la había visto, la pequeña era
nueva en País Medieval.
Los tres entraron en el taller, la Niña se quitó el pañuelo y se
lo entregó a la Sastresa. No
le costó mucho arreglarlo aunque tuvo que hacerlo con sumo cuidado para que
quedara como nuevo. Generosa se lo devolvió y le indicó el espejo. Muy contenta
la Niña se
colocó el pañuelo y mientras se miraba en el espejo le dijo - Muchas
gracias Sastresa, me llamo Afrika, mi familia y yo venimos de muy lejos y aún
no conocemos a nadie, ni siquiera hablamos ni entendemos vuestro idioma.
¿Cuanto te debemos?
Extrañamente Generosa entendía todo lo que la Niña le decía. Claro! El Hada Rizada
volvía a ayudarla con su magia.
- Yo soy Generosa. Bienvenidos a Medieval, aquí tenéis una amiga… – dijo la Sastresa y añadió con un
guiño – Con poco me apaño cariños.
Los nuevos vecinos, también la entendieron y, un poco
perplejos pero muy felices, le pagaron con unas telas fabulosas y unos
maravillosos dulces que la
Sastresa jamás había visto y que les parecieron exquisitos
tanto a ella como al Hada. Después del festín, como cada día, continuaron con
sus tareas, “tela y tijeras, aguja e hilo con mucho cariño coso tu vestido”.
(continua...)
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