jueves, 26 de septiembre de 2013

CAPITULO 3

Cuando a la mañana siguiente la Sastresa salió a comprar algunas verduras para preparar la comida, se encontró con una niña que lloraba cerca de la puerta de su taller. Generosa se agachó para ver qué le pasaba y le preguntó – Hola niña, ¿te encuentras bien, te puedo ayudar en algo?- La pequeña, que tenía la cabeza entre las rodillas, levantó la cara y miro con los ojos llorosos a la Sastresa, pero no dijo nada. A Generosa le llamó la atención el color oscuro de su piel y el precioso pañuelo que le cubría la cabeza, nunca antes la había visto, la pequeña era nueva en País Medieval.

La Niña continuaba llorando y la Sastresa se dio cuenta de que parte de su pañuelo se había rasgado y parecía que justo eso era lo que la ponía tan triste. Como no parecía entender su idioma Generosa le explicó por señas que ella podía arreglar su pañuelo. La cara de la Niña cambió y sonrió, con su mano le indicó a la Sastresa que esperara un momento y salió corriendo. Enseguida volvió de la mano de su padre, porque como siempre le decían en casa, no debía irse sola con ningún desconocido por muy amable que pareciera.

Los tres entraron en el taller, la Niña se quitó el pañuelo y se lo entregó a la Sastresa. No le costó mucho arreglarlo aunque tuvo que hacerlo con sumo cuidado para que quedara como nuevo. Generosa se lo devolvió y le indicó el espejo. Muy contenta la Niña se colocó el pañuelo y mientras se miraba en el espejo le dijo -  Muchas gracias Sastresa, me llamo Afrika, mi familia y yo venimos de muy lejos y aún no conocemos a nadie, ni siquiera hablamos ni entendemos vuestro idioma. ¿Cuanto te debemos?

Extrañamente Generosa entendía todo lo que la Niña le decía. Claro! El Hada Rizada volvía a ayudarla con su magia.

- Yo soy Generosa. Bienvenidos a Medieval, aquí tenéis una amiga… – dijo la Sastresa y añadió con un guiño – Con poco me apaño cariños.

Los nuevos vecinos, también la entendieron y, un poco perplejos pero muy felices, le pagaron con unas telas fabulosas y unos maravillosos dulces que la Sastresa jamás había visto y que les parecieron exquisitos tanto a ella como al Hada. Después del festín, como cada día, continuaron con sus tareas, “tela y tijeras, aguja e hilo con mucho cariño coso tu vestido”.
(continua...)


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