martes, 1 de octubre de 2013

CAPITULO 6

La fama de la Sastresa era ya tan grande que había llegado hasta el Palacio del Rey Grandioso y la Reina Justa. Ellos eran unos maravillosos gobernantes, siempre trabajando por el bien de los habitantes de País Medieval, pero estaban muy preocupados por su hijo, el Príncipe Peque. Ser Reyes les requería pasar mucho tiempo en el despacho ocupándose de las miles de cosas que ocurrían en su Reino, así que a veces les costaba sacar tiempo para estar tranquilamente en familia, hablar y jugar con su hijo. El Príncipe Peque se había convertido en un niño solitario y triste, no quería jugar con los otros niños de Palacio y se pasaba las horas en su habitación. Nadie en País Medieval conocía el motivo de aquella tristeza, ni siquiera sus padres.

"Toc-toc-toc", sonó la puerta del taller. Cuando la Sastresa la abrió se quedó perpleja y sin saber qué decir. La que llamaba tan insistentemente era la Reina Justa en persona.

- Buenos días, Su Majestad – saludó por fin la Sastresa haciendo una reverencia - ¿En qué puedo ayudarla?

- Buenos días Generosa, necesito que confecciones un traje para mi hijo el Príncipe Peque. Preparamos una fiesta es su honor para dentro de tres días en Palacio.

- Pe… pero…, Su Majestad, en Palacio trabajan los mejores sastres del Reino – balbuceó la Sastresa.

- Sí, así es – afirmó la Reina - Pero no quiero al mejor sastre, quiero que tú confecciones el traje. Mi hijo está triste y no conocemos el motivo, le preparamos esta fiesta para intentar animarle, y sé que tus ropas no sólo sirven para vestir, también ayudan a quienes las llevan a sentirse mejor y ser felices.

- Será un gran honor Majestad – dijo finalmente la Sastresa y se despidieron.

Generosa y Rizada se pusieron rápidamente manos a la obra , apenas tenían un par de días para coser un traje que hiciera feliz al Príncipe. Como de costumbre, cosieron mientras cantaban “tela y tijeras, aguja e hilo con mucho cariño coso tu vestido”.

(continua...)







No hay comentarios:

Publicar un comentario