jueves, 3 de octubre de 2013

CAPITULO 8

Los dos niños salieron de la habitación cogidos de la mano. Sus caras sonrientes se reflejaron en el espejo y ambos se sintieron los más afortunados, felices y queridos del mundo. El vestido ya era lo de menos, al Príncipe no le hacía falta magia alguna para sentirse bien. Ahora tenía el valor para contárselo todo a sus padres y así lo hizo. Los Reyes, al contrario de lo que él había imaginado, se mostraron encantados de tener un hijo artista. Por su parte, Grandioso y Justa buscaron la forma de organizarse mejor y dedicarle más tiempo a la familia.

Tenéis que saber que la Fiesta del Príncipe Peque fue todo un éxito. Hubo baile, canto y  poesía. Como invitadas de honor acudieron la Sastresa Generosa y el Hada Rizada y entre los numerosos asistentes no faltaron la Panadera Dulce, el Arquero Valentín, la Bruja Rockera, la Niña Áfrika y la que os habla, la Juglar Damelú.

Por deseo expreso de los Reyes, la Sastresa y el Hada se mudaron a Palacio donde trabajaron en el taller real y nunca les faltó un dulce que compartir. Algunos dicen que cuando se hicieron mayores, Rizada y Peque se enamoraron y fueron felices por siempre jamás.

Y cuento contado este cuento se ha acabado, yo sólo espero que te haya gustado.

La Juglar Damelú.

FIN


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