miércoles, 2 de octubre de 2013

CAPITULO 7

Llegó el día en que el Príncipe Peque, acompañado por su madre la Reina Justa, entraron al taller para probarse el preciado traje. Mientras la Sastresa y la Reina hablaban sobre las telas y la confección del mismo, el Príncipe y el Hada, con sus alas bien escondidas bajo la ropa, esperaban en otra habitación.

Rizada pudo observar que, ciertamente, la cara del Príncipe reflejaba una gran tristeza. Se armó de valor y se atrevió a preguntarle – Príncipe Peque, ¿por qué pareces estar tan triste? 

Él levantó un poco la vista y le contestó – Tengo un secreto que a nadie puedo contar – y volvió a mirar al suelo cabizbajo.

El Hada no pudo contenerse y lanzó una gran carcajada.

- Pero, ¿se puede saber de qué te ríes?! – gritó el Príncipe enfadado.

- Perdona Majestad. Me río porque yo también tengo un gran secreto que no puedo compartir con nadie y estoy completamente segura de que es más grande que el tuyo – dijo el Hada convencida .

El Príncipe se sorprendió con las palabras del Hada, nunca nadie le había dicho algo parecido y la curiosidad le hizo preguntar - ¿Y cual es ese gran secreto? A mí me lo puedes contar.

- Está bien – contestó el Hada – Pero con una condición. Después me tienes que contar tu secreto.

El Príncipe dudó un poco, pero deseaba tanto conocer el secreto de aquella niña que aceptó el trato.

- Mira – dijo el Hada mientras desplegaba sus alas transparentes y brillantes como los diamantes.

El Príncipe con los ojos como platos se acercó a tocarlas – No puede ser real! ¿Eres un Hada? – le preguntó aún incrédulo.

- Sí, así es. Soy el Hada Rizada y vivo dentro del espejo mágico de la Sastresa, aunque lo que más deseo es convertirme en una niña, por eso escondo mis alas.

Esta vez fue el Príncipe quien lazó una sonora carcajada.

- ¿De qué te ríes tú ahora? Yo no le veo la gracia! – Gritó el Hada.

- No te enfades por favor. Es que tenías toda la razón, tu secreto es mucho más grande que el mío – dijo el Príncipe por fin sonriendo – Bien, ahora es mi turno. Siempre estoy tan triste porque en realidad yo de mayor no quiero ser Rey, a mí lo que me gusta es cantar, bailar y actuar, quiero se artista, no quiero gobernar. Pero me da miedo que mis padres se enfaden conmigo, así que me quedo sólo en mi habitación y allí, apartado de todos, ensayo canto, hago coreografías e interpreto obras de teatro.

Al finalizar, el Príncipe se sintió mucho mejor y, más aliviado, le preguntó al Hada si querría oírle cantar. Ella se mostró encantada y le dijo haciendo una reverencia – Sería un gran honor Su Majestad.

Peque cantó con una voz tan dulce y bailó con tanto sentimiento que el Hada emocionada, no pudo contener las lágrimas y aplaudió entusiasmada la actuación del Príncipe. Él corrió a abrazarla agradecido y le preguntó si le gustaría ser su amiga para siempre – Claro que sí – contestó ella feliz.

Entonces ocurrió algo mágico, las alas del Hada comenzaron a esfumarse lentamente hasta desparecer por completo convirtiéndola en una niña de verdad.

- Gracias Peque! Tu amistad sincera me ha liberado del espejo para siempre – y volvieron a abrazarse. Pero algo entristecía ahora a Rizada, ya no era un Hada y no podría usar la magia del espejo para ayudar a la Sastresa. ¿Qué sucedería ahora?

(continua...)



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